El descomunal avance tecnológico ha sobrepasado los límites de lo pensable por el ser humano. Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) están conformando una sociedad saturada de información, ajenas a la dificultad de acceso y distribución de la misma que vivíamos años atrás. Paralelo a esto, aparece la indiscriminación de la información, la falta de concentración de lo que se lee, el desconocimiento de las fuentes, y la acumulación constante de los datos, imágenes y flujos informativos.
Se ha perdido en el ser humano la capacidad de asombro frente a la facilidad de acceso, la abundancia de información, y la posibilidad de manipular dicha información.
El avance tecnológico vivido en los últimos años ha transformado nuestra forma de relacionarnos con las demás personas, con el mundo: mensajes de texto, fotografía y vídeo en los teléfonos celulares, correos electrónicos, programas de mensajería instantánea, chat, foros de discusión, videoconferencia, etc.
Las TICs han transformando los modos de pensar, de actuar y de hacer, sobre todo han cambiado nuestro modo de comunicarnos. Hoy en día dentro del esquema comunicativo, ya no es necesario un emisor activo que trasmita un mensaje y un receptor pasivo que lo reciba; es decir, el receptor ya no juega un papel pasivo, sino que pasa a ser activo y se entrecruzan los papeles, es luego el receptor quien emite el mensaje. El mensaje no solo es destinado a una sola persona y por un solo medio, sino que hay multiplicidad de receptores con características personales diferentes.
Años atrás, tener acceso a una nueva tecnología era para unos pocos. Así llegamos a lo que Marshall McLuhan llama Aldea Global, término atribuido para definir la interconectividad humana a escala global generada por los medios de comunicación.
El hombre siente una sensación de satisfacción al hacer uso de las tecnologías, las cuáles superan nuestras espectativas y generan nuevas satisfacciones. Aunque no queramos, somos producto de una sociedad de consumo que genera necesidades constantemente, y ¿porqué lo aceptamos?. Porque las nuevas tecnologías nos proporcionan algo a lo que el hombre no puede resistirse que es la propia autonomía.
viernes, 14 de mayo de 2010
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